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Pedro García y la vida como un emocionante partido de fútbol
Pedro Garcia nota

La vida de Pedro García ha tenido de todo. Hoy, a sus 79 años y sentado en el living de su casa en Santiago, él lo sabe. Es que tanto el García futbolista como el García entrenador vivió esto y aquello, se movió por toda la paleta de colores de las emociones y vio girar su futuro en 180 grados una y otra vez. Como si la vida misma fuera un emocionante partido de fútbol.

A saber: A cuatro días de jugar su partido más relevante –como 9 de Colo-Colo marcando dos goles por Copa Libertadores y dando vuelta un partido imposible- un paraguayo le fracturó la tibia liquidando su carrera. Justiniano Enciso se llamaba. Todavía hay secuelas al caminar.

Eso mismo hizo que se decantara rápido por la carrera de entrenador. Y tras debutar con 29 años, y ser campeón con Colo-Colo a los 35 (el segundo más joven de la historia tras Hernán Carrasco), tocó el cielo, pero entremedio vivió lo que para él es el mayor dolor de su historia, cuando estuvo 37 días preso producto de la adulteración de pasaportes en el Sudamericano Sub 20 de Uruguay 79: “Eso fue peor que la fractura. Y eso que a mí la fractura me mató. Un periodista me dijo que eso me iba a pesar para toda la vida”.

Para qué decir lo que vino después… Tras su exitoso paso por Colo-Colo dirigió a cinco equipos en México, jugó finales de campeonato y remató como director técnico de la selección chilena con otros cuatro días de polos opuestos, pasando de un lado a otro sin peaje de por medio: Un sábado le ganó a la Francia campeona del mundo con todas sus estrellas y al martes siguiente cayó frente a Venezuela por las Clasificatorias a Japón-Corea 2002.

Todo fue y ha sido un permanente aprendizaje. Un camino lleno de señales. A todo esto, esta historia podría no haberse contado si es que el papá hubiese accedido a la petición de su hijo adolescente: el pequeño Pedro quería viajar con el plantel de Green Cross en aquel vuelo Douglas DC-3 operado por LAN que terminó capotando en las cercanías de Linares. El viejo había sido un deportista destacado de los “Pijes” y tuvo acceso a un pasaje. Pero al final dijo no. Cosas de la vida: El 3 de abril de 1961, justo en el cumpleaños número 15 de Pedro García Barros, el avión cayó a tierra falleciendo sus 20 pasajeros y los cuatro tripulantes.

Quizás por todo lo anterior, por haber conocido los dos lados del fútbol y de la vida, es que hoy Pedro García se siente un agradecido. Mira fútbol solo, lo analiza solo y recuerda con detalle su extensa carrera. El único que podría moverlo un poco, cuando está pegado viendo un partido en la TV, es su pequeño nieto Gaspar. Dicen que los nietos se disfrutan más que los hijos. “Él me tiene loco”, reconoce el DT campeón de cinco títulos en cinco años con el Cacique.

Nemesio Antúnez, devuélvame el balón vecino

Pedro García creció jugando fútbol en la calle. Pero en una calle particular: Guardia Vieja, en Providencia. Esa misma vía donde hoy no podría armarse una pichanga ni por 10 segundos. Él y su familia vivían unas cuadras más acá de Salvador Allende y un par de casas más allá de Nemesio Antúnez. Al refugio del pintor, donde funcionó el mítico Taller 99, se caía una y otra vez la pelota.

¿Y devolvía la pelota Antúnez?
“(Risas) Siiiiiiiii, claro que la devolvía, era muy gentil. Jugábamos en la calle y parábamos si venía un auto. También viví en Barnechea, éramos vecinos de Pedro Araya, era un ídolo y famoso en el barrio. Tú salías de Tobalaba, donde estaba el Hospital Militar hacia arriba, y era puro campo.
Yo estudiaba en el José Victorino Lastarria y me iba en patines. Y al principio jugaba básquetbol.
Un día Gerardo Larredonda, compañero mío y que jugó en Unión Española, me dijo que jugábamos contra el Primero C de Humanidades. Me dijo que jugara, que les faltaba uno. Ahí empecé en el fútbol y me gustó. Empecé a jugar en el club Jalea Real, de Pedro de Valdivia Norte, donde también estaba Larredonda. Jugaba tres partidos en el día: Al arco, de centrodelantero y de puntero derecho”.

El papá de Pedro García, del mismo nombre, hizo ciclismo y motociclismo compitiendo con la camiseta de Green Cross. De allí el nexo para sumarse luego a las divisiones inferiores de los “Pijes”. García se fue a probar al Estadio Municipal de Ñuñoa. Lo recibió el DT Dante Pesce. “Llegué a probarme de centrodelantero. Ni recomendado ni nada. Pesce me dejó y empecé en Segunda Infantil, a los 14 años. Mi papá me iba a ver aunque no le gustaba el fútbol. Me daba mil pesos por gol… Después cuando me retiré del fútbol, jugando por La Serena, el técnico de nuevo era Dante Pesce”, recuerda.

WhatsApp Image 2018-12-14 at 6.38.17 PM ¿De qué equipo era hincha cuando chico?
“De Green Cross. Me impactó el primer partido que fui al Nacional: Green Cross contra la Universidad de Chile. Estadio lleno, uniformes impecables; blanco y verde de Green y la U con un azul eléctrico espectacular. Por estética me enganché. Era el tiempo del Ballet Azul, que me impactó. Iba a ver a la U pero no era hincha. Washington Urrutia quiso que me fuera a la U después. Ir a los Clásicos Universitarios era un espectáculo. Me gustaba Ernesto Álvarez, Leonel Sánchez, lo parejo de Braulio Musso, Sergio Navarro como capitán de la selección.
Mi padre me llevó al Mundial del 62. Vi todos los partidos del Nacional, al frente de la Tribuna. Se veía la gente disfrutar y mucha familia y niños”.

¿Cómo es la historia de que podría haber viajado en el fatídico vuelo de Green Cross el 61?
“Yo ya era jugador de cadetes. Salió el asunto del viaje y le dije a mi papá que quería ir. Venía Mouriño de Boca y yo ya estaba impregnado con el club. Pero había un solo pasaje. Y mi papá me dijo que solo no iba. Si habían dos pasajes disponibles habría ido con él, pero igual hubo dos aviones que viajaron así que no sé si me hubiera tocado el que se cayó.
Mi papá era de las Casacas Negras de Green Cross (acrobacia con motocicletas) e hicimos el cortejo de los féretros camino al cementerio”.

Una carrera quebrada en el Nacional

En 1965 se fusionó Green Cross y Deportes Temuco y Pedro García partió al sur. Goleador de referencia en las divisiones inferiores, jugó en una selección chilena juvenil. Debutó en el profesionalismo en la primera fecha de aquel torneo 65, ante Universidad Católica. Tenía 18 años y lo dirigió Miguel Mocciola.

“Los presidiarios de Temuco estaban al lado nuestro, mientras entrenábamos, construyendo el estadio Germán Becker. Me hicieron mi primer contrato en Santiago y viajé a Temuco. Si ganaba 100, me pasaron a pagar 300. Me pagaron 9 meses de deuda que tenía. Los días eran preciosos y me fui. Después en mayo, junio cuando empieza la lluvia, lo único que yo decía era: ‘Mamaaaaaá’ (risas). Me quería venir. Fue demasiado duro”, explica García recordando a su madre, Piedad Barros, nacida en Rosario, Argentina.

garcia4 Con Green Cross salen sextos. Después llega a Unión Española como parte de pago de Honorino Landa
“Me querían dejar en Temuco y yo lo único que quería era que terminara el año. Los viajes eran como de 12 horas. Bajábamos la cuesta ahí en Collipulli en bus.
En ese tiempo mirábamos para arriba a los mayores. Sale la venta de Honorino y ofrecen a varios jugadores. El técnico en Unión era Paco Molina pero alcancé a jugar en la Cuarta Especial con “Coco” Rubilar. Después Molina era ayudante de Conejo Scopelli en la selección y me llevaron a un partido contra Internacional de Milan (N de R: También jugó ante Brasil y en un 3-1 sobre Argentina en el Nacional)”.

¿Cómo llega a Colo-Colo?
“Pancho Hormazábal me manda a buscar. Abel Alonso me llama a renovar en Unión y tuvimos una discrepancia ahí… Me dice que me iguala la oferta de Colo-Colo pero no llegamos a acuerdo. Fui donde Alfredo Asfura, que era el gerente de Unión y le dije que me iba a Colo-Colo.
Ahí todo cambia. Estadio lleno, uno hacía alguna fila y siempre llegaba alguien y te decía: ‘Usted es de Colo-Colo, venga por acá’. Yo soy colocolino. Sentir al hincha de Colo-Colo es… ¡otra cosa!”

Copa Libertadores 1971. Colo-Colo viajó a Paraguay y sacó un empate con Cerro Porteño en Asunción. En el tercer partido ganaba 1-0 a Unión Española con gol de Pedro García pero los hispanos lo dieron vuelta. El miércoles 17 de marzo el Cacique recibió a Guaraní en el Estadio Nacional y perdía 2-1 hasta el minuto 52. Había que ganar sí o sí.

“Fue el partido más trascendente de mi vida. Le hice cuatro goles a La Serena (N de R: 3 de septiembre del 67; Estadio Nacional, entre los 9′ y 41′ del segundo tiempo batió por cuatro a Roberto Robles) pero ese partido con Guaraní fue lejos el más importante. Era otra cosa”, refresca Pedro García, quien a los 53 y 73 minutos marcó dos goles aquella noche del 71; Colo-Colo ganó y siguió en carrera.

Una semana después el espigado delantero comandaba el ataque en la revancha ante Cerro Porteño. Al lado de él: Caszely, Messen y Beyruth, recibiendo los pases de Chamaco. Minuto 43. El funesto minuto 43 del 24 de marzo del 71…

Revista Estadio escribió: “Estaba haciendo otro buen partido, aportando su extraordinaria dinámica. Fue impetuosamente a una pelota que pretendía también Enciso y fue lesionado de gravedad (fractura de la tibia derecha)… Tenía que tocarle justamente a Pedro García. Un muchacho sano, noble en la lucha, incapaz de hacerle un mal a nadie. Un jugador de dura trayectoria. Y precisamente cuando estaba ganando quizás si la más importante batalla de su carrera”. WhatsApp Image 2018-12-13 at 5.30.02 PM

¿Sabía que Justiniano Enciso sufrió después con las lesiones y se tuvo que operar tres veces de meniscos? Nunca quedó bien
“No lo sabía. Nunca tuve animadversión por él… Hay un partido donde viaja la selección paraguaya a enfrentar a Chile (N de R: julio del 71) y la gente del Sindicato, Hugo Lepe, Mario Moreno, no permiten que juegue Chile con Paraguay porque viene Enciso. Habla conmigo Nicolás Abumohor y el agregado cultural del Paraguay para que intercediera. Llevaron a Enciso a mi casa. Yo aún estaba enyesado, si estuve seis meses con yeso. Fue Enciso y le dije que no tenía problemas”.

¿Cómo recuerda esa jugada?
“Al terminar el primer tiempo Carabineros entraba a la pista de cenizas a esperar a los árbitros. Yo veo que estamos en la hora porque veo a Carabineros que se mueve. Hay una pelota que disputa Keko Messen con un paraguayo y salta la pelota cerca de la puerta de Maratón, mitad de cancha. Quería darle con todo a la tribuna, para despejar, y veo que viene Enciso… Tengo la cara todavía de él aquí, viniendo hacia mí…Se tira y me dio vuelta, paso por arriba de él. Siento altiro el golpe. Había como 2 millones de personas en el estadio porque todos me dicen: ‘Yo estuve en tu lesión, en el Nacional’. A mi hermano Héctor lo agarró Carabineros porque iba a la cancha a matar a Enciso”.

Tiene que haber dolido mucho
“El traslado al Traumatológico fue increíble. Cuando iba en la ambulancia cada paso por los vaivenes del asfalto me dolía. Fue muy doloroso. Sabía que era algo terrible.
Tuve problemas con el tratamiento además y llegué al tiempo donde el doctor Álvaro Reyes que me refracturó porque me quebraron solo la tibia. Entonces el peroné es el que afirma el músculo. Quedó un recurvato como de 12 grados. ‘Si no te hago esto, no sanarás’, me dijo el doctor Reyes”.

¿Olfateó que su carrera podía decaer o terminar?
“Yo sabía que era mi final pero asumí todo. Lo que iba pasando era porque tenía que pasar. Esa ha sido mi filosofía de vida. Lloré pero solo de dolor. Cuando estaba en el hospital llegó un joven y me daba fuerzas, ánimo. Y a él le habían amputado la pierna… Esa fue una señal y enseñanza de vida. No me podía amilanar, cuando había gente peor. Eso me marcó. Si pasó lo que me pasó era porque me tenía que pasar. La vida me enseñó a no quejarme.
Yo tuve tres traumatismos encéfalo craneano en mi carrera: Contra Chita Cruz, en un entrenamiento y otro con el Gringo Nef. Ese fue el peor; me tiré en paloma y Nef con el pie me pega en la sien. Mi mamá me llegaba a ver y lloraba, pero yo me lo tomaba bien”.

La banca se bambolea

La carrera del García futbolista se apagó lentamente. El resto de su trayectoria lo jugó con doble venda y tensoplast; con dolores indescriptibles el día lunes, con entrenamientos parcializados hasta el miércoles o jueves, por su pierna magullada y nunca al cien por ciento. WhatsApp Image 2018-12-14 at 1.18.39 PM

García jugó dos partidos en el título de Colo-Colo 1972. Al año siguiente se fue a O’Higgins y tuvo un paso fugaz por Pumas de México donde compartió con Bora Milutinovic, que vivía sus últimos años como futbolista. Allá lo pilló el golpe de Estado en Chile y quiso devolverse.

“No teníamos comunicación fluida, estuve como cinco días sin poder hablar con mi familia y allá se hablaba de que en Santiago había una guerra. Yo me había casado en el verano del 73 y mi señora estaba embarazada de nuestro primer hijo, Álvaro (después vendrían Viviana y Cristian). Vivía con Carlos Reinoso, somos compadres, estaba Wildo también y no sabíamos mucho lo que pasaba en Chile. Decían allá que venía un Ejército del norte y otro del sur hacia Santiago y que iba a haber una guerra. Devolví unos cheques que me habían dado por el consumo de hotel y por un adelanto y me vine”, reseña.

Luis Santibáñez y Gustavo Ortlieb le recomendaron retirarse y dedicarse a ser entrenador. Con Ortlieb había coincidido en la Unión Española de los 60. García como jugador y Ortlieb como entrenador del básquetbol hispano.

“El que me dejó mucho fue Gustavo Ortlieb, el preparador físico. Iba a su departamento, me gustaba escucharlo. Hice el curso de entrenador con Pedro Morales, Gustavo Graeff, me retiré en La Serena y altiro pasé a trabajar a Unión”, cuenta.

Pedro García debutó como entrenador en las divisiones inferiores de Unión Española a los 29 años. Dirigió a Fernando Astengo y Pancho Ugarte, entre otros. A los 30 fue ayudante de Jorge Luco en una selección juvenil. Y a los 32 asumió como entrenador principal de la Roja Sub 20.

Preparando al Sudamericano de Paysandú en 1979, García pensó en renunciar de entrada. A su primera convocatoria llegaron cinco futbolistas. Algo raro había en el ambiente. El presidente de la Asociación Central de Fútbol era el general de Carabineros Eduardo Gordon Cañas, designado por Pinochet. Detrás de él estaba el coronel Luis Zúñiga. Era el tiempo en que no se movía una hoja sin que ellos supieran.

Para el viaje a Uruguay partieron 17 futbolistas que estaban pasados en la edad reglamentaria. Al regreso el presidente del Registro Civil, José Bernales, interpuso una querella por falsificación de instrumento público y pasaporte. En Santiago fueron detenidos los 17 jugadores, más Pedro García y el coordinador de la selección Enrique Jorquera. García estuvo 37 días en la Penitenciería mientras Pinochet mandaba a Gordon a una misión a Nicaragua. Lo sacó del mapa para no complicar a La Moneda.

¿Qué le pasa con ese episodio? Se van a cumplir 40 años ya
“Es algo que cuando voy a tener una conversación o una entrevista trato de no tocarlo. Te voy a contar datos: la Asociación me puso abogados, me siguieron pagando todo, seguí dirigiendo. Yo pagué los platos rotos de una situación muy difícil y no lo hablo porque están fallecidas las personas que yo tendría que nombrar…”

A Zúñiga y Gordon los salvaron
“… Si yo explicara esto en un programa, agarro buen rating, porque nombro a varias personas. Pero no…
Cuando llegamos a Santiago me dijeron: ‘¿Para qué trajeron los pasaportes?’. ‘Si no los traían, no pasaba nada’… Nosotros creíamos que no teníamos responsabilidad en esto. Yo no tenía por qué hacer un acto así”.

¿Habló después con Gordon?
“No”.

Cuando viajan, sabían que 17 jugadores estaban fuera del límite
“Habían insistido que esto se venía haciendo siempre. Yo hablé con técnicos que habían dirigido en Sudamericanos y decían eso que se venía haciendo siempre. Allá llegan todos y da lo mismo, me decían. Yo les pregunté a periodistas también y me decían que era así.
Yo no tuve nada que ver con la confección o con la decisión de hacerlo. A mí me dijeron que me preocupara de la cancha. Yo me dedicaba a entrenar en Pinto Durán”.

¿Cómo era su relación con Gordon?
“Distante absolutamente. Lo habré visto dos veces”.

Un joven con experiencia

WhatsApp Image 2018-12-14 at 1.18.34 PM En 1947 Enrique “Tigre” Sorrel fue el primer exjugador campeón con Colo-Colo que repitió la obtención de un título albo como entrenador (tal como García, también con 35 años). Le siguió el 70 Francisco Hormazábal. En los 80 Pedro García alzó dos copas y en 2002 Jaime Pizarro siguió la línea. Barticciotto, Tapia y Sierra completan el grupo en este siglo. Son solo siete (Arturo Torres el 37 era jugador y DT pero al mismo tiempo).

Hay otra gracia de García como DT. Ganó dos torneos largos cuando la cosa era brava: le peleó al potente Cobreloa, en una carrera con vaivenes por definición: “Con el mejor equipo que peleé descenso fue con Wanderers el 98, y descendimos. Reinaldo Sánchez me habló en el hotel de Osorno, porque quería que siguiera el otro año. Así es a veces el fútbol”.

El mismo 79 debuta en Arica a nivel de club profesional
“Dirigí a Chamaco y una vez empezaron a gritarle que no corría y cosas así. Me di vuelta, me acerco a la tribuna y grito de vuelta: ‘¿Ustedes saben quién es Chamaco Valdés? ¡Tienen que tenerle respeto!’. Ese mismo año me hablaron de Deportes Concepción para asumir allá a finales de ese año, porque se iba a retirar Lucho Vera. Yo les dije que me iba para la temporada 80 en un acuerdo de palabra. En el segundo semestre del 79 voy a Arica que estaba en Segunda. Llegamos a la Liguilla de Promoción… ¡Escuchar el himno de Arica en esa Liguilla! Se pone la piel de gallina. ‘Ariiiiica, siempre Ariiiiiica, siempre Ariiiica hasta morir’… Noooooo, allá son más chilenos que acá. Tienen todo el tema de defender la frontera”.

Igual se fue a Concepción el 80
“Sipo. Termina el partido final de la Liguilla y me citan para que me quede en Arica. Conversamos hasta como las 3 de la mañana, me decían que me daban lo mismo de Concepción. Y yo más encima había estado en el sur, sabía lo de las lluvias y eso… No había donde perderse pero ya había dado mi palabra. Les dije que no podía. Y me fui a Conce”.

Pedro García fue campeón con Colo-Colo y, a la par, comenzó a dirigir al equipo de Reserva donde también fue el mejor, dándole tiraje a jugadores como Jaime Pizarro, Jaime Vera, Lizardo Garrido, Juan Gutiérrez y Alejandro Hisis, que jugaban los martes en Quilín sumando confianza y minutos de rodaje. garcia3

“En Colo-Colo los dirigentes, el cuerpo técnico y los jugadores estábamos tomados de la mano. Yo con la directiva tenía una relación donde conversábamos mucho. Tenía reuniones íntimas con los jugadores. Había buen trato. No me fallaba ninguno a entrenar. A Leonel Herrera tenías que cortarle una pata para que no jugara”, sostiene.

Igual saca a Caszely y Véliz de un partido. Cuando debuta Jaime Vera y juega Cristian Saavedra, en Iquique
“Se pelearon el día antes Caszely con Véliz. Se agarraron a combos. Llegaron ellos y vieron que no estaban en la lista de citados nomás.
Pero hice cosas más difíciles: hacer jugar a Osbén y Roberto Rojas.
Trataba de conversar, que te crean, trabajo de equipo.
Yo para lo de Iquique consideré un acto de indisciplina y no los cité. A la semana siguiente estaban en la lista de nuevo. Listo.
Habían gallos de peso pesado: Yeyo Inostroza, Vasconcelos, Leonel Herrera. Pero trataba de ser franco con ellos. Me creían y no decía: ‘Yo soy estricto’. No se los digo, soy”.

garcia2 Andrés Prieto dice que un entrenador tiene que ser un superhombre: saber de táctica, de lo físico, lo psicológico, ser consejero, papá, etcétera
“En un entrenamiento un jugador que me llegaba todos los días antes de la hora, un día se atrasó. Hablé con él y me dice que tiene problemas con su señora en la casa. ‘¿Quieres que vaya a hablar con ella?’, le dije. ‘Pucha, si pudiera. Yapo’, me respondió. Al preparador físico le pedí que terminara la práctica; ‘Voy y vuelvo’ le dije. Hablé con ella, se estaban separando y no pasó, hasta ahora siguen juntos. Son cosas que uno las siente. Siento que hay que hacer esas cosas.
Un técnico tiene que ser de todo. Fue la escuela que tuve. En Ecuador y México hacía lo mismo, visitaba a mis jugadores para saber cómo estaban”.

Hábleme de la selección rumbo a Japón-Corea
“Yo no quería ir a la selección. Yo sabía que estábamos eliminados. Me llamó (Miguel) Bauzá, (Osvaldo) Band y me dicen que no pueden contratar a nadie, que no tienen un peso. ‘Échanos una mano’, me dijeron. Fui al frente y cuando pudimos tener a los jugadores en la semana, clasificamos en Colombia a la siguiente ronda en la Copa América”.

¿Cómo fue pasar de ganarle a Francia y luego perder con Venezuela?
“Yo estuve en La Moneda con la selección de Francia antes del partido y conversamos con Zinedine Zidane y David Trezeguet, que hablaban más español. ‘Espero que mañana juguemos algo amistoso’, les dije. ‘No es posible. Nosotros somos campeones del mundo y tenemos la responsabilidad de jugarlo con todo’, me respondieron. ‘Si era broma’, les dije yo. Les ganamos haciendo un partidazo.
Al otro día en el entrenamiento les dije a los jugadores: ‘Esto pasa en el fútbol desde que yo era chico. Se viene Venezuela pero no hay que confiarse. Le ganamos al campeón del mundo pero no vaya a ser cosa qué… ¡Tenemos que aplicarnos!’… Y fue un desastre. Lo visualicé antes del partido. Yo esto no lo he contado a nadie”.

Le renunciaron muchos jugadores
“Llegamos a la selección, doy la primera nómina y desde el Estadio Monumental llegó el primero a renunciarme. Que estoy lesionado, que me duele. ‘No te hagas problema. Acá tenemos médico, kinesiólogo, si quieres traes tu kinesiólogo’, le dije. Noooooo, no y no.
Otro que el técnico de su equipo no quería que fuera a la selección, que ya no tenía nada que hacer.
Me fui a Europa, México, Portugal… ‘Nooooooo es que no puedo’, me decían. Fui a la casa de Marcelo Salas en Roma. Hice todo lo que había que hacer para poder tratar de hacer una selección. Llamé a jugadores que, cada vez que digo esto, le pego el palo a ellos pero fueron los que pusieron el pecho a las balas. No fui con los que tendría que haber ido, pero ahí les pego palos a los otros. Por eso no aparezco diciendo estas cosas”.

¿Cómo se hacía la metodología en época sin computadoras?
“Yo le pedía a los juveniles o a los que no estaban citados que me hicieran seguimiento de algún rival o de algún jugador. Les pasaba una minuta en un cuaderno de cuantos desbordes hizo, cuantos foules, cuantos remates al arco… Era información que nos servía pero de manera autodidáctica. Teníamos el dato de los centros que tiramos, por ejemplo.
Yo hice cursos de árbitros con Carlos Robles y Rafael Hormazábal. Nos dieron un título honorífico, me gustaba saber de otras cosas. Lo mismo que la psicología. Uno al conversar con el jugador, al conocer de él sabe cómo está y si puede rendir.
Hoy alguien conversa con Guardiola y todos se vuelven locos.
Yo vi el partido de Colo-Colo con Real Madrid en el Bernabéu el 91. Vi los entrenamientos del Real Madrid, fui a Holanda al PSV Eindhoven, Ajax, en Italia estuve con Giovanni Trapattoni. Eso siempre se ha hecho”.

Bielsa lo llamó de los primeros cuando llega a Santiago
“Él me sucedió como entrenador en Atlas de México y ahí lo conocí. Cuando vino al Preolímpico con Argentina en 2004 hicimos el contacto, entonces cuando se vino a dirigir a Chile me llamó. ‘Necesito ir a Valparaíso a ver a Wanderers’, me dijo. Fuimos juntos a Valparaíso, en mi auto, lo traje de vuelta, lo dejé en Pinto Durán. Le dije al final lo mismo que le dije a Juvenal Olmos: ‘Si tú me necesitas, me llamas y yo voy a estar inmediatamente allá’. Pero yo andar llamando, no. Por lo mismo tampoco voy al estadio o doy muchas entrevistas, aunque creo que todavía puedo aportar como entrenador”.